Estas décadas se están viendo reflejadas por un cambio radical en nuestra forma de trabajar, de entender las organizaciones y sus relaciones. Cada vez más, las empresas trabajan por proyectos, donde su beneficio y su progreso residen en el éxito y rentabilidad de los mismos. Trabajando a través de estos proyectos pueden aportar valor añadido y dar respuesta a nuevas necesidades y demandas.

 

Las organizaciones deben adaptarse y cambiar distintas facetas para poder desarrollarse a través de proyectos. Por ello, se hace necesario trabajar de forma matricial, es decir, mediante equipos multidisciplinares que combinen diferentes conocimientos, funciones, niveles, líneas organizativas, geográficas y culturales.

De este modo, los profesionales y trabajadores relacionados con estas organizaciones deben coordinar y complementar diferentes habilidades y competencias para poder responder adecuadamente a estas necesidades.

Estas estructuras se componen de equipos con especialistas de distintos departamentos funcionales de la organización para trabajar y llevar a cabo un proyecto. De este modo, los profesionales complementan sus fortalezas y diluyen sus debilidades, siendo elegidos dependiendo de las necesidades de los proyectos y convirtiéndose en equipos dinámicos y capaces de analizar los problemas de una forma diferente.

Sin embargo, estas estructuras pueden presentar desventajas relacionadas con conflictos de fidelidad entre los responsables jerárquicos y los gerentes de proyectos acerca de la asignación de recursos. Por otro lado, los proyectos pueden ser difíciles de desarrollar si los equipos tienen mucha independencia.

 

Así, estas debilidades vienen reflejadas por problemas con los líderes que las gestionan. Estos líderes matriciales deberían presentar una serie de competencias para poder desarrollar con éxito la dirección y liderazgo en estructuras matriciales:

– Gestionar los conflictos entre los miembros de la estructura.

– Gestionar la ambigüedad que puede existir en estructuras que carecen de claridad.

– Capacidad creativa y emprendedora.

– Inteligencia social o relacional, para poder desarrollar y mantener en el tiempo relaciones entre los empleados, clientes y colaboradores.

– Capacidad de liderazgo y de trabajo en equipo.

– Inteligencia política, de forma que gestionen adecuadamente el beneficio propio, el de los clientes y los stakeholders.

– Alinear intereses con stakeholders y clientes para poder conseguir metas y objetivos comunes.

Desde Talenmo vemos la necesidad de desarrollar el máximo potencial del capital humano en las organizaciones y de adelantarnos a las necesidades de una sociedad dinámica y variable. De la mano de nuestros consultores ofrecemos la posibilidad de desarrollar estas competencias y adquirir nuevos conocimientos.

 

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